Caldero en la Isla de Tabarca

El Sitio Favorito de Clara
14 septiembre, 2017
Compartiendo tapas en Merfin
25 septiembre, 2017

Caldero, gaviotas y mar

 

Para el puente del 1 de mayo recibí la visita de 2 amigos de Zaragoza, los que me han descubierto Jalos, La Quebradora… No es la primera visita que hacían a Alicante. En la primera, como no, les enseñé las hamburguesas de Tribeca. En esta ocasión tenía planeado algo muy diferente: visitar la isla de Tabarca.

Para aquellos que no la conozcáis, Tabarca está a unos 22 km de Alicante y tiene una superficie de unas 30 hectáreas (0.3 km²). Yo hacía muchos años que no había estado y me apetecía que conocieran otra parte de mi ciudad. Así que me puse a investigar sobre restaurantes donde comer sin gluten en la isla y nos fuimos para allí.

Tabarca es una isla muy bonita, con mucho encanto. Casas bajitas, con un agua muy cristalina y grandes paisajes. No sé cuántos restaurantes habrá en la isla, pero tras informarme vi que había varios donde un celíaco puede comer. Al final nos decantamos por el restaurante La Almadraba, que es uno de los primeros que te encuentras.

Así que después de dar un par de vueltas por la isla, darnos un pequeño bañito y ser atacados por las gaviotas – mi amiga acabó con una herida en la cabeza por un picotazo – nos fuimos a comer. Habíamos reservado un caldero para 3. El caldero es un plato típico de la isla de Tabarca. Este plato consta de dos partes: una de ellas es el pescado y la patata y el siguiente un tipo de arroz a banda.

Pero en un principio, un único plato – aunque en realidad son dos – nos parecía poco, así que pedimos también un calamar de potera y gamba roja de Santa Pola. El calamar estaba buenísimo, de los mejores que yo he probado.

Calamar de Potera

Lo mismo pasó con las gambas. Unas gambas como el dedo gordo y de largar como el índice o anular. Espectaculares, aunque también pagas acorde por ello.

Gamba roja de Santa Pola

Junto con los entrantes nos llegaron las patatas – con alioli – y los trozos de pescado. Junto con una botellita de vino, y tras nuestro paseo, entraba todo de miedo.

Por último nos llegó también el arroz. Un arroz a banda con algo de pimiento que nos dio para repetir un par de veces cada uno.

Disfrutamos de lo lindo de la comida. Pero una comida no se puede dar por acabada sin los postres. Pregunté y tenían varios aptos para elegir. Así que pedimos 2 – ambos sin gluten – para compartirlos entre los 3. Tocino de cielo y suflé. Ambos de elaboración casera y que devoramos como si no hubiéramos comido.

Tocino de cielo

Al final la comida constó del caldero, 2 entrantes, 2 vasos de tinto de verano, 2 botellas de vino, 2 postres y café/infusiones. El precio ascendió a unos 77€/persona. Una pasada, pero es que las gambas nos costaron a unos 8€/gamba y eso fue lo que encareció mucho la comida.

Se puede ir de menú, o comer únicamente el caldero – unos 28€/pax – y sale bastante más económico. No obstante, no me dolió en exceso pagarlo porque todo estaba buenísimo, el trato fue genial y la localización no podía ser mejor.