El italiano de Jamie Oliver en Budapest

No lo esperas

 

Estamos ya a mediados de octubre y vengo a contarte sobre un restaurante que descubrí en junio. Sí, se que hace mucho tiempo, pero no damos más abasto y se nos acumulan los restaurantes, jejeje. Bueno, los que me sigáis por las redes sociales sabréis que este verano estuve durante una semana por Budapest. Aunque fue por motivos de trabajo, tuve tiempo para conocer un poco la ciudad. No solamente sus monumentos y preciosas vistas, sino también su gastronomía.

Ya os he contado en más de una ocasión que antes de un viaje indago bastante por Internet en busca de restaurantes, recomendaciones… Esta vez, no fue menos. Pero encontré un problema, casi todo lo que encontraba estaba muy lejos de donde me hospedaba, así que en alguna ocasión tocó ir un poco a la aventura.

El restaurante Jamie’s Italian lo conocí así. Habíamos ido a visitar el Bastión de los pecadores, ya que era una de las recomendaciones turísticas que habíamos recibido. Y para llegar allí dimos un largo – pero precioso – paseo. Seguimos paseando por la zona, enamorándonos de las vistas que ofrece esta ciudad, y vimos que no íbamos a llegar a cenar a ninguno de los restaurantes que tenía yo apuntados en la lista.

Jamie’s Oliver en Budapest

Así que, siendo previsores, y antes de seguir pateando y que se nos hiciera muy tarde preguntamos en uno de los primeros que encontramos. Era un italiano, tenía buena pinta y estaba en una zona turística, así que era probable que tuvieran algo sin gluten. Preguntamos, y efectivamente. Así que seguimos dando el paseo y volvimos allí para cenar.

Fue entonces, al volver de terminar el paseo, que vimos que se llamaba Jamie’s Italian, e investigando un poco vimos que estaba asociado al famoso cocinero británico Jamie Olliver. Volvimos a preguntar si tenían platos aptos para celíacos, nos lo confirmaron de nuevo. Así que nos sentamos. La carta que tienen es abundante, pero los platos aptos para celíacos no son demasiados. Pasta y algún que otro entrante. Como no tenía muy claro qué pedir, me dejé recomendar por el camarero. Así que la opción elegida fue: Our famous prawn linguine. En mi caso, en vez de linguine, espirales. Pero era un plato que llevaba gambas al ajillo, tomate cherry, hinojo, azafrán y chile fresco.

Una muy buena recomendación, ya que la pasta estaba espectacular. A la vez que pedí la pasta, pregunté por cerveza sin gluten. Y ¡bingo! Me trajeron un tercio de la marca Peroni. De un primer vistazo hubo algo en la botella que no me convencía. Revisé un par de veces la botella y no vi escrito gluten free por ningún lado, así que volví a preguntar al camarero por la cerveza sin gluten y me insistió que era la que me había dado. Le di un pequeño sorbo y eso no sabía a cerveza sin gluten. Revisé la botella y nada. Así que buscamos por Internet. Efectivamente, esa cerveza no era sin gluten.

No quise discutir más con el camarero, así que la aparté a un lado y dejé que se la bebiera algún compañero mío. Pero esto me hizo dudar sobre la fiabilidad de los platos. Quise creer que el despiste/ignorancia era únicamente del camarero y que los cocineros sabrían lo que hacían.

Pregunté por postres y también tenían opciones para celíacos. No recuerdo muy bien las opciones, pero yo me decanté por algo fresquito, ya que esos días fueron más que calurosos. Tres bolas de helados de tres sabores – fresa, mango y limón – que vinieron perfectas para combatir el calor.

Comimos bien. El precio no fue excesivo para ser una zona turística. Aunque también es verdad que los precios en Budapest son más bajos que los que podemos encontrar en España. Aún así, no es un sitio al que volvería. Probé restaurantes mejores y estoy seguro de que me dejé otros tantos en los que hubiera comido genial. Una opción socorrida si te encuentras por la zona y no quieres buscar mucho.


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